Miami, USA, octubre 21 de 2017

Mentiras piadosas, verdades costosas

Vamos a ser honestos: el votante, el ciudadano común le reclama la verdad a sus políticos, pero cuando esa verdad no le conviene o no le gusta, prefiere que le mientan un poquito. O mucho.
Juan Pablo Salas | 10/08/2012
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Ese es atributo de todas las sociedades. Por eso, en tiempos electorales la verdad es una de las primeras víctimas. Los políticos lo saben y lo aprovechan; los ciudadanos nos hacemos los ingenuos y reclamamos la verdad del ‘otro candidato’ mientras le creemos (o encubrimos) a nuestro propio candidato. Es una historia de nunca acabar.

Ahora bien: los políticos, que juegan ese juego de manera profesional, usan todas las herramientas a su disposición para confundir, exagerar y distorsionar el mensaje del oponente. ¿Quién –además de los ‘fact-checkers’—tiene a su disposición el conocimiento necesario para comprobar si lo que un político le está diciendo en un spot de 30 segundos o en un debate de 90 minutos es la verdad? Cuando en Denver escuchábamos al presidente Barack Obama y al candidato republicano Mitt Romney lanzar cifras y datos contradictorios entre sí, ¿cómo podemos saber quién de los dos miente? Porque si son datos contradictorios, al menos una de las partes está confundiendo, exagerando y distorsionando el mensaje del oponente.

Durante el primer debate, el Presidente acusó abiertamente a Romney de estar mintiendo, específicamente acerca de la forma como el republicano planea financiar los recortes de 5 billones de dólares en impuestos sin incrementar el déficit fiscal y sin recortar beneficios a la clase media. Uno y otro citan estudios en los que la verdad parece estar de su lado. ¿Cuántos esos votantes han acudido a Internet u otras fuentes para tratar de aclararlo? Y, mejor aún: alguno de esos votantes juiciosos que están haciendo su tarea, ¿cambiará su voto si comprueba que su candidato predilecto mintió? Mmmm… no creo.

Las elecciones no son un juego de verdades sino un juego de medias verdades encubiertas en una maraña de complicados discursos que se van simplificando y resumiendo en eslóganes y frases de cirnustancia que se repiten para convencer a los ciudadanos que quieren dejarse convencer. Los especialistas en relaciones públicas e imagen lo saben desde hace mucho tiempo: más importante que el argumento y la idea es la apariencia de quien emite ese mensaje e incluso el color de su corbata. Y el votante, que suele padecer de una pereza mental endémica, se deja convencer sin hacerle demasiado caso a su propia conciencia.

Vamos a ser honestos: la gran mayoría acudiremos a las urnas el 6 de noviembre a votar por nuestro candidato y esa decisión no la cambiaremos aunque nos enteremos de que él y su equipo han manipulado la verdad un poquito a su favor. En el fondo, es más importante lo que creemos que representan el partido y el candidato, y entendemos que las circunstancias requieren de un esfuerzo extra (incluso de la verdad) para ganar. Porque en elecciones lo que importa es eso: ganar. De modo que si hoy un republicano se entera de que Romney mintió durante el debate, se hará el sordo a ese respecto o asumirá que Obama es quien miente, y seguirá con su conciencia tranquila camio a la urna. Lo mismo cuenta para un demócrata.

Mientras que la manipulación de la información no sea muy exagerada o dañina (mientras la mentira no sea muy grave), la gran mayoría estará dispuesta a ignorar la minucia y los detalles. "¿Que Romney no ha dicho cómo pagará esos cinco billones? Oh, no importa: de todas maneras votaré por él porque quiero que pierda Obama", dirá un republicano. El demócrata, en cambio, se reafirmará en su voto por Obama, convencido de que es el oponente quien está siendo deshonesto. De ahí que hayan logrado superar el récord de recaudaciones en septiembre.
Y, ¿qué pasa con el verdadero independiente? Esa es la gran incógnita que las campañas buscan dilucidar. Es más: esa es una icógnita que no me atrevo a responder. El independiente con preferencia (entre los que me incluyo), ya decidió por quién votará. El independiente que espera ser convencido, ¿qué estará esperando?

A esto se agrega otro factor: la idea que hoy predomina en los medios de la derecha respecto a que ‘los medios’ están aliados con la ‘izquierda’ y por lo tanto manipulan la información a su favor. Algo parecido a lo que pasa –al revés—en varios países de Latinoamérica, donde se acusa a ‘la oligarquía’ de manipular los medios. Por eso aquí existe Fox News y allá TeleSUR, y ambas cadenas reclaman ser ‘la alternativa’.

En estas elecciones decidirá el famoso ‘turnout’, el número de votantes que salgan a las urnas. Por eso es importante desdibujar o desprestigiar al oponente: para que el votante propio se sienta motivado a salir a las urnas mientras que el votante desencantado sea el independiente indeciso o el oponente desmotivado.

Mi estimación es que los republicanos insistirán en desprestigiar las cifras del Departamento del Trabajo que muestran una reducción al 7,8 por ciento de la tasa de desempleo (a pesar de que ya Jack Welch se retractó de sus afirmaciones), mientras que los demócratas se dedicarán a mostrar que Romney ha transmutado el conservador que tenía que ser para ganar la nominación, en el centrista que necesita ser para buscar la presidencia.¿Cuál de las dos narrativas logrará movilizar a sus propios y desencantar a los ajenos? Estas elecciones ya no las decidirán los independientes sino los apáticos.
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El Autor
Juan Pablo Salas
Juan Pablo Salas es periodista de Caracol 1260 AM, la emisora de Prisa Radio en Miami, Florida. Desde 2014 forma parte de la mesa de trabajo de La W con Julio Sánchez Cristo y está a cargo del contenido local del programa. Durante diez años ha trabajado en “Minuto 60”, el producto bandera de GLR Networks. Es analista político y de noticias para Caracol 1260 AM y las emisoras de Prisa Radio en América Latina. Ha sido productor de varios programas, como “El show de Neida Sandoval”, “A calzón quitado con Alessandra Rampolla”. También trabajó en la mesa de coordinación de noticias desde donde ayudó a construir herramientas de comunicación para el desarrollo de la sinergia entre las emisoras del grupo. Como escritor es autor de “Crónicas del último colombiano”, “Fronteras del deseo” y otras obras aparecidas en varias antologías. Sus artículos han aparecido en varios periódicos y revistas.
Sobre el Blog! Juan Pablo Salas es periodista de Caracol 1260 AM, la emisora de Prisa Radio en Miami, Florida.